TE QUIERO A TI

TE QUIERO A TI

La llegada a una familia de cualquiera de nuestros chicos supone  cambios, inseguridad, miedo….
Los padres son los primeros en recibir la noticia,  en ser asesorados y acompañados. ¿Pero cómo vive esa llegada un hermano mayor?...
Carolina, con infinita ternura, refleja en esta carta a su hermana, cómo Estefi dio un sentido diferente a su vida, mucho más rico, más intenso; como ella dice: “más, más…”
Los niños con capacidades diferentes llegan a nuestra vida para enseñarnos el valor de los gestos sencillos, la importancia de vivir el presente y para enriquecer a las personas que les rodean


Leed y disfrutad. 



"Las palabras nunca me han jugado malas pasadas, nunca han opuesto resistencia cuando quería expresarme. Sin embargo, al escribir esto, me cuesta encontrar la palabra correcta para cada idea, y es que hasta hace unos años, en mi vida todo tenía un nombre, un conjunto de letras que definía cualquier término. Ahora me doy cuenta de lo tremendamente complicado que resulta plasmar en palabras aquello que te han enseñado mediante miradas, sonrisas, besos…
Mi vida cambió,  al igual que la del resto de mi familia; sigue cambiando cada día, a un ritmo frenético. Y junto con la palabra “discapacidad “, llegó  a mí una visión nueva de lo que hasta entonces pensaba que conocía. Una visión mejorada.
Mi hermana es, lo mires por donde lo mires, una auténtica profesora de la asignatura “Vivir”. Hace que comiences a cuestionarte a qué llamamos problemas, qué tipo de cosas nos causan dolor de cabeza, y si todas estas preocupaciones merecen nuestra angustia.
Es cierto que, hasta que consigues aceptar y asimilar todos los cambios que te ves obligado a tragar de un solo golpe, todo es cuesta arriba. Es fácil dejarte llevar por ese escudo imaginario que todos llevamos puesto para que el mundo, el exterior, todo lo que no puedes controlar, no te haga daño; y te ves arrastrado a realidades paralelas en la es que las cosas  no han salido como tú deseabas que salieran, en las que tu vida transcurría como se supone que tiene que transcurrir, siguiendo los requisitos convencionales para ser feliz .Y después de estar paseando por tu imaginación, volver a la realidad es absolutamente demoledor.
Pero no, no puedes permitirte el lujo de vivir así durante demasiado tiempo. Cuando te das cuenta de que aquí, en tu vida real, en tu nueva vida real con tantos cambios y tan continuos ahora hay alguien que te necesita imperantemente, tus ojos se abren, tus pupilas se dilatan, y la fuerza de tu voluntad se despierta. Ese despertar, irónicamente, es el cambio más profundo por el que pasas.
Entonces, y solo entonces, con los ojos abiertos, ves que la vida te estuvo sonriendo durante todo ese tiempo.
Recuerdo cómo desperté yo. Fue en un hospital, al ir a visitarla durante una de las temporadas en las que estuvo ingresada. La sonrisa dulce y llena de vitalismo que me dedicó atravesó la sonda de su nariz, su pijama blanco, la incómoda cama de hospital, la cara angustiada de mi madre, el ambiente deprimente de la habitación, el umbral de la puerta, y mi corazón. Ahí, en ese momento, conseguí sonreír con la misma vitalidad que ella, y supongo que el movimiento de mi boca obligó al resto de mi cuerpo a despertarse.
En mi casa había una sobrecarga de:”No podrá hacer tantas cosas…”, y no podían haber elegido una frase más errónea. Porque sí,  es cierto, nunca llegará a tener títulos académicos, ni podrá vivir sola, no podrá hacer lo que se supone que hay que hacer en al hacerse mayor, casarse, tener hijos, no podrá expresarse como ahora mismo lo estoy haciendo yo, pero… ¿Y qué es de todo lo que sólo ella es capaz de hacer?
Es la única persona que conozco, y que, con total seguridad, llegue a conocer, que consiga hacerme reír en hospitales, no ser capaz de encerrar carcajadas en mi garganta en momentos tensos, que viva  centrándome solo en el ahora, porque, tal y como ella me ha demostrado, es lo único que existe, vivir en el pasado o en el futuro es perder algo tremendamente valioso; el tiempo. Ha logrado implantar un filtro en mi cabeza, una criba que divide los problemas reales, aquello por lo que debo luchar con esa fuerza de voluntad con insomnio, las complicaciones superfluas de la vida, estas últimas son desechadas inmediatamente por el hueco de mi sonrisa, y los muros que te impone la vida, respecto a estos, tan solo debes aceptar, y variar unos grados tu dirección.
Sonrisas, besos, abrazos,  miradas, más besos, más sonrisas…más, más, más, con ella todo siempre es más.
Te quiero a ti.
Sé que las cosas no hubieran sucedido del modo en que lo hicieron, sé que si todo hubiera sido normal, sé que si esos malditos aminoácidos hubiesen estado donde deberían estar, sé que si fueses como cualquier otra niña, todo hubiera sido más fácil, mucho más fácil; pero no, Estefanía, te quiero a ti."


Carolina Portilla Ramos